viernes, 21 de noviembre de 2014

SOBRE EL VALOR EDUCATIVO DE LOS CONTENIDO DE LA EDUCACIÓN FÍSICA

Nosotros, las personas, vamos aprendiendo gracias a las experiencias, situaciones acciones de la vida cotidiana, pero la educación no viene dada por estas circunstancias, la educación es la realización de actividades con una finalidad sobre el aprendizaje, con unos objetivos para ello. Una medida que permite la facilitación de la educación es la justificación, que se refiere a explicaciones esenciales para el aprendizaje.

Durante mucho tiempo la educación física se ha considerado educación exclusivamente para lo físico o corporal. Después se reorientó como algo más allá de esto. Una nueva justificación era entender la materia como una educación a través de lo físico. Con esta idea se empieza a relacionar la educación física con las emociones, las relaciones personales, comportamientos, entre otras. Aunque estas ideas fueron bien acogidas el carácter seguía siendo utilitario. Por el 1960 se introduce el pensamiento de que lo educativo es intrínsecamente valioso, ya que influye al conocimiento y la comprensión. Peter Arnold propone tres dimensiones sobre la educación física: la educación sobre el movimiento, refiriéndose al campo de estudio o cuerpo teórico con un valor intrínseco; la educación a través del movimiento, haciendo referencia a los fines y valores extrínsecos de los cuales el movimiento va indirectamente asociado, como la salud; y por último la educación en movimiento, relacionada con los valores intrínsecos, es decir, la práctica de actividad física permite la autorrealización. Se consigue mediante la práctica.

La influencia de una actividad va en función de nuestro objetivo. Si vemos que la actividad es positiva en cualquier ámbito, es porque hemos influenciado positivamente para que lo sea. Si por el contrario, no tenemos esta intención, no sabremos de qué forma influirá. No podemos dejar libremente la práctica, debemos tener la intención de favorecer algún valor educativo.

Se debe enseñar para el bien nunca para hacer daño o con este objetivo. También debe ser congruente, es decir, la práctica no debe oponerse a las metas establecidas por la profesión.


Tampoco sería educativo idealizar un juego denominándolo por género, siendo así discriminatorio y excluyente, como aun podemos seguir viendo en la actualidad.

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